Reclamar al seguro: ¿trámite sencillo o asunto serio?
Muchos creen que hacer una reclamación ante una aseguradora es tan fácil como llenar un formulario o enviar un correo. Y, en apariencia, así puede parecer. Hoy en día, las compañías aseguradoras ofrecen canales digitales, líneas de atención y formatos que facilitan al usuario reportar un siniestro. Pero detrás de esa fachada de sencillez, reclamar ante una aseguradora es una gestión que requiere cuidado, conocimiento técnico y, en muchos casos, acompañamiento profesional.
Porque una reclamación en seguros no es solo contar lo que ocurrió. Es, en el fondo, una solicitud jurídica con implicaciones económicas importantes, que se rige por reglas claras y exigentes. Y por eso, se parece más a una demanda que a una simple carta de petición.
Lo básico… y lo complejo
La ley colombiana exige que toda reclamación válida cumpla con dos condiciones: que se pruebe que ocurrió el siniestro, y que se acredite la cuantía del daño causado. Así lo establece el artículo 1077 del Código de Comercio. Dicho de otro modo: el asegurado debe demostrar qué pasó y cuánto costó. Parece sencillo. Pero lo difícil comienza al preguntarse: ¿realmente lo que ocurrió es un “siniestro” cubierto por mi póliza? ¿Ese hecho está amparado o excluido? ¿El seguro estaba vigente? ¿Pagamos la prima a tiempo? ¿Qué documentos bastan como prueba? Estas preguntas son comunes, legítimas y, sobre todo, determinantes.
¿Todo daño es un siniestro?
No. Y aquí es donde muchas personas se confunden. En el lenguaje del contrato de seguro, un siniestro no es cualquier hecho desafortunado. Es, específicamente, la realización del riesgo que fue asegurado. Es decir, solo si el evento sufrido por el
asegurado está dentro de lo que la póliza ampara, y no se encuentra entre sus exclusiones, puede hablarse de un siniestro indemnizable. Lo que para el usuario puede ser “un daño evidente”, para la aseguradora puede ser “un hecho no cubierto”.
La importancia de conocer la póliza (y sus condiciones) Otra fuente frecuente de dificultades es el desconocimiento de los términos del contrato. Muchos asegurados no leen con detenimiento las condiciones generales, no revisan los anexos ni confirman la vigencia exacta de la cobertura. Por ejemplo, el no pago oportuno de la prima puede causar la terminación automática del contrato, lo que significa que, llegado el momento, el seguro ya no protege, aunque se haya firmado la póliza meses atrás. En estos casos, ni la buena fe ni la gravedad del daño garantizan el pago. Lo que cuenta es lo que está contratado y vigente.
Reclamar bien no es improvisar
Una reclamación en seguros no puede dejarse al azar. Exige claridad, técnica y rigor. No basta con haber sufrido un daño: es necesario saber cómo presentarlo, con qué pruebas sustentarlo y bajo qué condiciones exigir su reparación. Muchas veces,
incluso teniendo la razón, una reclamación mal planteada puede convertirse en una puerta cerrada.
En LegalSpace Abogados, acompañamos a nuestros clientes desde el momento en que contratan su póliza hasta la etapa más crítica: cuando deben activarla.
Evaluamos los riesgos, analizamos las condiciones y estructuramos cada reclamación con visión jurídica, para que la protección contratada se traduzca en una respuesta efectiva cuando más se necesita.
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- Juan Felipe Zapata
- Abogado Junior
- Magister en Derecho de Daños